La Mirada de Jesús

Queridos hermanos hoy reflexionaremos el tema «La mirada de Jesús», al momento de escribir estas lineas estamos en el tercer domingo de pascua, celebrando el gran misterio cristiano de Cristo Resucitado.

Por ese motivo la Iglesia lo remarca tanto, esto es lo más importante de nuestra vida: ¡Que Cristo vive!. El camina con nosotros, no es un Cristo muerto, está vivo y siempre está a nuestro lado para asistirnos en los momento más difíciles de nuestra vida.

Hoy quisiera reflexionar contigo un pensamiento del Papa Francisco dado en el año 2015 acerca de la historia que se dio en el evangelio según san Juan 21, 1-19.

La mirada de Jesús
La mirada de Jesús

Una historia bonita y llena de mucha sabiduría para nuestra vida, vemos como Jesús resucitado les prepara una comida a sus discípulos y tras haber comido inicia un intenso diálogo con Pedro.

El texto del evangelio dice que primero les prepara de comer, lo que nos a entender que la comida en un cristiano es necesaria, sobre todo la comida que nos da Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La vida cristiana sin sacramento es una vida hambrienta, si yo no como no solamente estaré débil sino que además estaré con hambre.

En este ambiente se establece un diálogo entre Jesús y Pedro, un dialogo profundo en donde lo más notorio fue la mirada de Jesús, y es aquí donde recordamos y reflexionamos las 3 miradas de Jesús a Pedro.

Veamos los detalles a continuación:

Las 3 miradas de Jesús

La mirada de Jesús con entusiasmo

Allá por el Evangelio de Mateo 4, 18-19 vemos cuando Andrés va a ver a su hermano Pedro y le da la noticia que han encontrado al Mesías,
aquí hay una mirada de entusiasmo ¡hemos encontrado al Señor! le dice Andrés. Inmediatamente le presentó a Jesús, Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas” (que quiere decir Piedra).

Cuando el Señor quiere hacer algo grande en tí te cambia el nombre. Aquí hay un entusiasmo, hay unas palabras y una mirada de Jesús, de esta manera podemos ver que el que llama es Jesús, no nosotros, a veces creemos que nosotros hemos decidido seguir al Señor, no es así.

El que ha puesto la mirada en ti, el pensamiento en seguirlo es Dios. Que tu lo aceptes o no lo aceptes ya es una cosa personal, no es que yo he decidido entrar a la vida consagrada, a servir a Dios como laico, has decidido porque Dios te ha llamado.

También podemos recordar en Lucas 5, 8-10 cuando todos y en especial Pedro quedan asombrados por la pesca masiva, en estas circunstancias Simón Pedro le dice a Jesús “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.” y Jesús fija su mirada en Pedro diciéndole “No temas; en adelante serás pescador de hombres.” Este es el llamado de Dios.

El llamado de Dios

Y Dios te llama todos los días a seguirle, por su puesto que en diferentes formas, lo que pasa es que a veces nosotros estamos distraídos, aturdidos, tenemos oídos pero no lo oímos.

A veces nos hacemos los desentendidos, porque no nos conviene, ya que para aceptar el llamado de Dios tendríamos que cortar algunas cosas, dejar algunas cosas, y eso nos da miedo y pena, pena de desprendernos de algunas cosas materiales, de algún placer, de alguna cosa desordenada.

¡Tenemos miedo! pero Dios ya te llamó desde el bautismo.

Así que esta es la primera mirada. La mirada de la misión en donde Dios te llama: «te llamarás Pedro, roca, piedra», «sí algo grande voy hacer contigo, porque vas a ser la base de una gran construcción».

Tú y yo tenemos que aprender a construir sobre piedra, sobre roca, sobre algo sólido, porque en la vida vienen terremotos afectivos, sentimentales, económicos, de enfermedad, y todas esas cosas tambalean tu vida espiritual, porque no está Jesús como base.

Entonces en esta primera mirada de Jesús, vemos que hay entusiasmo, Pedro a sido llamado con entusiasmo, hay alegría en Él, hay sentimiento, pero el sentimiento por si solo no es algo que nos lleve a mantenernos firmes.

A veces solo hay sentimiento: «Si voy a misa porque siento, rezo porque siento», y no se trata de sentir o no sentir, se trata de convicción: «Voy a misa porque voy a escuchar la palabra de Dios, voy a tener un encuentro con mi salvador, y me voy alimentar con el pan de Dios», aún si no lo siento, eso es convicción.

Entonces Pedro estaba muy entusiasmado, es la mirada de entusiasmo, es el primer tiempo de ir con el Señor. Pero hay una segunda mirada:

Mirada del arrepentimiento

Luego en aquella noche dramática del Jueves Santo, cuando Pedro reniega y lo niega a Jesús 3 veces (Lucas 22, 56-62), el evangelio dice: «Y Pedro lloró amargamente».

Este es un escenario diferente, aquí hay lágrimas, ahora hay dolor. Aquel entusiasmo de seguir a Jesús se convirtió en un llanto, porque Él había pecado, pues había negado a Jesús.

Dice que se estaba calentando, seguramente hacía frío, osea Pedro estaba frío… de la misma manera nosotros negamos a Jesús cuando estamos fríos, cuando estamos lejos de Jesús nos enfriamos y por eso lo negamos.

La mirada de Jesús en este escenario cambia el corazón de Pedro mas que antes, el primer cambio es del nombre y también de vocación, esta segunda mirada cambia el corazón, es un cambio de conversión al amor.

Pero hay una tercera mirada de Jesús:

Mirada de confirmación de la misión

«Pedro me amas mas que estos»…. «apacienta mis ovejas» ahora lo manda, ya lo miró, ya lo llamó, ya le cambió el corazón, ahora lo manda a la misión, «Pastorea mis ovejas».

Pero también en la mirada de Jesús a Pedro, vemos una solicitud de confirmación de amor «Me amas de verdad… o estas fingiendo», «Si te amo» contesta Pedro ¿Seguro, estás dispuesto a seguir la misión? ¡si Señor!.

Por eso el Señor le hace la pregunta 3 veces, porque 3 habían sido las negaciones, Jesús quiere remarcar si es un verdadero amor o es una cosa superficial.

Son tres veces que el Señor pide la manifestación de su amor, y lo exhorta a apacentar sus ovejas, a la tercera pregunta Pedro permanece entristecido y casi que llora. Pero no termina la historia ahí.

Seguir a Jesús por el camino de Cruz

Ahora le dice que esa misión, ese seguir a Jesús contempla un sufrimiento, porque no todo va a marchar sobre ruedas. Ahora le está diciendo que va a morir terriblemente.

Jesús le predice a Pedro que tendrá que seguirlo por el camino de la Cruz, pues de dice sutilmente «Cuando eras joven ibas donde querías, y tu mismo te abrochabas la ropa».

Es decir cuando eras joven hacías lo que querías, «Cuando seas viejo te van a llevar, a donde no quieras», es decir que el seguir el camino de Jesús implicaba para Pedro morir en la cruz por amor a Jesús.

También nosotros podemos pensar cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí, como me mira Jesús: con una llamada, con un perdón, con una misión.

Por el camino que el ha hecho todos nosotros estamos bajo la mirada de Jesús. El nos mira siempre con amor, el nos pide algo, nos perdona algo, y nos da una misión.

Por eso pidámosle al Señor que meditando estos pasajes de las sagrada escritura, también nosotros podamos ver si Dios me ha llamado, si yo le he aceptado, si estoy arrepentido, si realmente he cambiado.

Luego debemos aceptar que seguir al Señor es un camino de Cruz, es un camino difícil pero gozoso, porque el que premia y bendice es el Señor.

Así que mantente atento a la mirada de Dios…… Te deseo un lindo día.

3 comentarios en «La Mirada de Jesús»

  1. Jesús es Dios, ya que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él es el Hijo.
    Ello no quiere decir que el Padre y el Espíritu Santo estén ausentes porque estan presentes en Él.

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  2. GRACIAS ,POR DAR PALABRA DE VIDA,PORQUE ES BUENO EL APRENDER YA QUE TODOS APRENDEMOS DE DIFERENTES FORMAS ,ALGUNOS LEYENDO,OTROS ESCRIBIENDO .Y EL OIR .Y ESTE ME IDENTIFICO YA QUE AL ESCUCHAR ASIMILO MAS Y ALA VES ME VOY INMAGINANDO LO ESCUCHADO …BENDICIONES Y QUE DIOS ME LOS SIGA USANDO EN DE DAR DE SU PALABRA.

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  3. Bendito el que oye la palabra de Dios y la cumple. Gracias por la misión de dar a conocer estas acertadas reflexiones de la palabra del Señor. Sigan adelante. Un Saludo desde Guatemala.

    «Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»»
    Mateo, 4 – Bíblia Católica Online

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